Salen a la hora del vermú, cuando ya no hay agenda, cuando alguien pide una ronda y de repente se habla de todo menos del proyecto: de una serie, de un viaje, de una tontería cualquiera. Y ahí, sin buscarla, aparece la idea que llevabas días persiguiendo.
Nos gustó tanto esa manera de pensar que decidimos ponerle nombre al estudio. No queríamos otro nombre serio con mayúsculas y sin alma; queríamos uno que recordara que el buen trabajo también nace del rato relajado, de la conversación sin filtro, del momento en el que por fin te permites disfrutar en vez de forzar.